Otra vez el mismo error


“Otra vez el mismo error” se reprochaba Jorge mientras tiraba la hoja a la alfombra, alfombra que una vez fue de color verde y que era tapada casi por completo por hojas.
Agarro la lapicera y comenzó otra vez, cinco minutos después, se volvía a reprochar “no puede ser” otra hoja al piso.
“Esta vez no me equivocare” se dijo con mucho entusiasmo y empezó a escribir sobre el primer renglón, siguió por el segundo, por el tercero, por el cuarto y otra vez se equivocaba, otra hoja al piso.
Ya ni se acordaba ni lo sabía cuanto tiempo llevaba escribiendo y tirando hojas al suelo, lo que si sabia que cada dos horas tenia que salir a comprar un nuevo cuaderno, hasta que tomo conciencia de que iba a ser una tarea difícil y se compro un pack de doce cuadernos y cinco lapiceras de tinta azul.
El teléfono lo había desconectado, y para que no suene el timbre corto la luz, prendió una vieja lámpara a gasoil que tenia de cuando se iba a pescar con sus amigos. Nada lo molestaba, las ventanas cerradas para que el ruido del exterior lo moleste.
Bueno en si algo le molestaba, lo que le molestaba era no poder superarse y cometer siempre el mismo error y ahí iba otra vez, otra hoja al suelo, y otra hoja mas y otra más, y otra más, parecía nunca terminar de llenar la habitación de hojas.
Fue corriendo al baño, se meaba, meo rápido e igual de rápido se subió los pantalones, tan rápido y apurado que su ropa se mojo un poco, pero no le importaba, debía volver a su escritorio a seguir escribiendo, a seguir tirando hojas diría yo.
Y así cayo la noche, sin dormir, llenando hojas que una vez fueron blancas, y así también apareció la luz del alba, justo cuando el gasoil se acababa, pero no he dicho que se acabo, la luz de la lámpara seguía prendida pero a Jorge no le interesaba y a pesar de tener la luz del alba, no la apago, porque no se dio cuenta.
Y le quedaba la última hoja del cuaderno número treinta y cinco, y se dijo “otra vez me equivoque” y tiro la hoja hacia arriba, y esa hoja no cayo a la alfombra, la alfombra estaba tapada por una capa de un metro veinte de hojas escritas.
¿Y que paso ahora que se le habían terminado las hojas?
Paso que sin darse cuenta cuando cayo la ultima hoja cayo al lado de la lámpara y el papel se encendió, y la lámpara estaba toda rodeada por más hojas y todo comenzó a prenderse fuego, y Jorge se dijo “Me quemo en mi error, otra vez he cometido el mismo error”.
Se prendieron todas las hojas y con ellas la alfombra, el escritorio y hasta el mismo Jorge, que con la lapicera en la mano se calcino.

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1 comentario

  1. Julieta said,

    marzo 3, 2010 a 9:51 pm

    Pobre Jorge 😦
    Jajaja.


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