Por aburrido


Estaba tan aburrido, que aceptaba cualquier idea que pasara por mi mente.

Pensé en tomar una chocolateada así que fui hasta la cocina, abrí la puerta izquierda de la alacena y saque la lata de nesquik, de paso agarre una cuchara del cajón de los cubiertos. Pase por la heladera, agarre la leche y empecé a preparar esa receta que aprendí hace tantos años, en mi infancia.

Todos tienen mil maneras de prepararlo, yo la hago a mi manera, dos cucharadas de chocolate y le voy echando la leche bastante despacio mientras voy mezclando, de esa forma no se hacen tantos grumos. La preparo en diez segundos, la tomo en cinco y la vuelvo a preparar al minuto y esta segunda vez la acompañe con algo dulce.

Ya la había preparado y tomado veces para nuevamente encontrarme aburrido.

Prendí la televisión dure cinco minutos haciendo zapping y no pare en canal alguno por mas de 10 segundos, hace tiempo la televisión se me hizo aburrida. Me dije en voz alta de escuchar música pero al pensarlo me aburrió más, siempre los mismos temas, y si iba a recurrir a la radio era inútil, en ella solo hay vacías canciones.

Pensé en leer, pero tendría que repetir alguna lectura y eso no me iba a divertir.

No encontraba nada en que divertirme, eso me aburría más y más.

Camine de aca para allá con ojos atentos buscando una salvación pero parecía que nada apareciera. En un momento mis ojos se concentraron en un martillo que había dejado el portero y me surgió una idea “destrozar”.

Comencé a divertirme con unos cd-rooms de “la renga” que le pertenecian a mi hermano, él ya no vive conmigo. Bajaba el martillo contra aquellas cosas redondas y cuando el martillo las golpeaba el ruido era seco y cientos de pedazos volaban por todos los lugares, me ríe y pensé bueno después tendré que ordenar así que tendré con que divertirme.

Como toda una discográfica no sacio mi sed empecé a romper otras cosas, le siguieron vasos, platos (también doble unos cuantos tenedores, cuchillos y cucharas). Después el televisor estuvo roto, la video, el aparato del dvd, los parlantes, algunas paredes tenían marcas y agujeros. Portarretratos, botellas, todo lo que estaba a mi alcance estaba al alcance del martillo y eso significaba su perdición, en un momento ya no encontraba nada que romper. ¿Y qué paso? Paso que por la ventana, que estaba con los vidrios rotos, vi un gato negro pasar. Así que me dispuse a Salir por la puerta, que la derribe con unas cuantas patadas, para ir en busca de mi futura presa, el gato se había asustado algo por el ruido que hizo la puerta y dio unos cuantos saltos para finalmente mirar hacia mí, trate de llamarlo con voz calmada – “ven gatito, acércate” – el animal no se acercaba pero tampoco huía, con pequeños pasos me acerque hasta que pude agarrarlo con mi mano derecha. Su pelaje era bastante suave y se veían a simple vista más de una garrapata, en mi cabeza se cruzo el pensamiento de que destrozaría más de una cosa y eso me agrado y solté una sonrisa un tanto macabra.

Lo lleve adentro y lo deje caer en la mesa, con una mato le sostuve desde la mitad de su espalda y con la otra sostenía el martillo, conté hasta tres y sac! Muerto el gato, muertas un par de garrapatas y yo y la casa con manchas de sangre, el animal solo atino a decir un cortado “miau”. Sin poder parar, fue una sensación que salio dentro mió pero muy dentro, no la controlaba era en si un espectador, le daba martillazos a todos los huesos del gato y sentía como se quebraban en varias partes, me alegraba tanto ese sonido, me llenaba el alma, ya no me estaba aburriendo, esta tan contento, tan divertido.

Lo había logrado, por fin lo había logrado.

Los pedazos de la noche


Cuento: los pedazos de la noche
Protagonistas: Sergio y Amanda.

Eran aproximadamente las 12 de la noche cuando Sergio le presto atención al reloj, una aguja se mueve para que las otras se tengan que desplazar, a cada segundo, a cada minuto a cada hora.
El celular lo había utilizado hace 3 minutos para hacer una llamada que nunca fue contestada, Sergio estaba algo furioso, estaba algo harto en realidad y fantaseaba un poco. Se dijo basta y en su cabeza organizo un siniestro plan, sabia que le esperaba una dura condena pero el objetivo lo iba hacer valer.
Tendría que elegir entre ir caminando o ir en auto, pero antes pasaría por el galpón para llevar consigo una hacha hasta la casa de su amada, esa que no le contestaba las llamadas, esa misma que cada día tenia un problema diferente, esa a la cual él la amaba pero que lo hacia sentir como un simple juguete.
Abrió la puerta del galpón, busco el hacha que siempre estaba colgada sobre la escalera caracol. De paso también recogió un martillo y varios clavos de unos diez centímetros.
Metió todo en un viejo bolso, de esos que tienen las tiras en el medio que son como un tubo acostado, y cerró el galpón, después cerró la puerta principal de su casa y ya estaba fuera de ella. Todo estaba listo para partir hacia su objetivo.
Camino varias cuadras, nadie caminaba por la calle, que estaba invadida de niebla, la noche realmente se prestaba para lo que Sergio tenía en su mente. Imaginaba que lindo seria destrozarla en pedazos, clavar alguna parte del cuerpo de aquella mujer sobre el parquet, o colgar su cabeza con alguna soga en el ventilador, prenderlo y que la sangre salpique toda la sala de estar.
Llego hasta la casa de su amada, tranquilamente salto la reja, como perro no tenia, no se escuchaban ladridos, se hizo paso entre el sendero que lo conducía hasta la puerta de madera, la puerta que da al living, saco el hacha del bolso y comenzó a dar golpes sobre ella, su cara era de furia y locura mientras atinaba cada golpe, en la puerta se hizo un gran hueco y Sergio paso él. Se asomo y no había nadie viéndolo, así que decidió ir directamente para la habitación, donde tantas veces la habían pasado tan bien.
Cuando cruzo el pasillo, ahí estaba ella en un rincón sumamente asustada y llorando, las lagrimas caían desde sus ojos hasta el piso, sus mocos en cambio morían en sus labios.
Sergio se acerco a ella, y con una mano la recogió de los pelos y con su mano derecha apresuro el hacha hasta chocar contra su cuello, ella murió al instante pero su cabeza aun no estaba desprendida de su cuerpo así que ahora ya muerta apoyo el cuerpo sobre el piso para que le sea mas cómodo cortarle el cuelo. Golpes y más golpes que manchaban toda la habitación de sangre, también manchaban la cara de Sergio que tenia la furia dentro de él, parecía que era el mismo diablo, su mirada era frenética y oscura.
Cada tanto alguna mancha de sangre se estrellaba contra su cara pero él sentía su atención estaba completamente sobre otra cosa, era todo tan perfecto, había salido tan acuerdo a su plan.
Agarro el cuerpo una vez que logro separar su cabeza y comenzó a cortarlo con el hacha, corto dedos, rodillas, manos y pechos. Sobre el parquet dejo todas las partes del cuerpo como si alguien dejara las piezas de un rompecabezas, las sirenas comenzaron a sonar, Sergio comprendió que le quedaba poco tiempo….