mi reflejo.


Siempre supe, y todas las mañanas lo corroboraba, mi reflejo en el espejo era idiota.
Tanto desprecio me generaba esa persona que muchas de mis mañanas no me mire al espejo, quizas mi etapa de mayor felicidad fue gracias a cuando una noche el espejo se descolgo de la pared y cayo, adios idiota me dije, iluso.
Mis dias crei que tomaban otro color, que eran nuevas, refrescante energia de los dias, falsos.
Hoy fui al centro, muchas vidriedas con reflejo, otra vez mi tonto reflejo, mi tonto yo, despues de tanto tiempo sin mi tonto yo, me doy cuenta que el idiota era yo.

El lobo y el humano


No hay nada que espante a este lobo estepario las miradas del humano son tan debiles y el las huele morir.
No hay Compania que corra a su par y que sepa decir nada, toda compania rompe el silencio, inutil para la caza.
Y el escucha su corazon y es solo latir, no hay sentimientos en el lobo de la estepa.
Y no tiene misericordia ante dolor alguno de cualquier presa, jamas se lo ha visto llorar.
Las espinas se han clavado sobre sus garras pero nada lo ha detenido jamas.
Es que no hay destino que lo guie, el no sabe donde esta y el no se siente perdido por eso, ¿A dónde podria a ir?
Y yo tan debil, tan fragil, tan humano al fin, me siento perdido debajo de las pisadas de las estrellas.
Cada raza nacio con sus diferencias, pero tan solo una llora por ser.
Ya no miramos el sol del hoy, ¿no te das cuenta que tan poco me importa todo?.
El viento a veces es silencioso y otras veces no, y siempre esta y yo ni lo percibo.
Porque es facil soñar lo que uno quisiera sentir pero …. tan lejano y casi nulo me abraza ese sueño.

el reencuentro de uno mismo.


Ahora es facil seguirte – dijo con los ojos iluminados y los pies llenos de barro.Ya habia cruzado el ultimo pantano sin miedo, siguiendo los rastros.
Podria haber tomado un descanso, hace mucho que ya caminaba, pero aun no estaba cansado de su andar, su fragil andar, vago y distraido con sus grandes ojos verdes iluminados, esperanzados, que no se centraban en ningun lugar, era la manera que elegia para expresar su ansiedad.
Su boca pronunciaba a cada paso el nombre del reencuentro, en una interminable seguidilla, y que tan cerca lo sentia.
Y cuando presto un poco de atencion reconocio un viejo arbol con sus ramas buscando el suelo, un viejo arbol y ahora sabia que quedaba poco.
El barro seco le habia dejado los pies negros, y el sol de tanto caminar, desde la mañana, le habia dejado toda la cara colorada como para que se notasen aun mas sus esperanzados ojos verdes.
Por la cima de los arboles sobre volaba humo, humo con aroma a leña, a leña seca. Al ver de donde venia el humo, noto la chiminea de la casita del bosque de donde salia el humo con quien la brisa se divertia.
Y se acerco a la pequeña casita haciendo ruido con sus pasos, esperando a que ella salga y lo venga a abrazar y se produzca el reencuentro, tan ansiado por el.
El sonido seco de sus pisadas que hacian sobre el pasto se fue atenuando, cada vez mas fuerte, pero la puerta no se abria y nadie de ella salia.
Y viendo que ya estaba a tan solo 4 pasos de la puerta, se dejo caer al suelo, al acordarse de que ella habia partido hace mucho tiempo atrás, ¿como fue posible olvidarlo?
Y nada más queda decir que, sus ojos se oscurecieron y su mente intento volar hasta alcanzarla, hasta ese lugar que nadie sabe donde esta.
Pero ya era tarde, el recien tirado en el pasto nunca pudo hallarla a ella que, había partido mucho tiempo atrás.

El Bufon


Todo se ha perdido, ya no queda ni un gajo de lo que una vez eso fue.
Solo quedo un gran anhelo de haber pensando que era eterno, y ahora el tiempo pasa con total impunidad a destrozarlo todo, a recordarme que soy un simple mortal y que todo lo que me sigue y me acompaña es perecedero al fin.

Había creído ciegamente en tantas cosas, sin darle oportunidad alguna a la duda, ¿para que? Para que en un segundo todo cambie, todo se derrumbe.

Quise ser el rey del tiempo y no fui mas que un simple siervo, pensé en ser príncipe que rescata a su princesa y fui el bufón que es echado del castillo.

Enojo, ni siquiera tengo enojo de tan absurdas situaciones que me han hecho sentir un ser absurdo.

Ahora que es tarde entiendo el juego y ya he perdido tanto tiempo; el agua ya me tapo : la montañas ya me hicieron perder ; el amor ya me supo engañar ; la muerte ya comienzo a acariciarme.

Hoy no quiero ser mas nada que una experiencia y contártelo para que de mi aprendas, aprendas mi mismo error, el error de Adán y Eva, el mismo error que llevamos todos los seres humanos mortales en las venas.

Que lindo hubiese sido navegar en los mares de la inmortalidad, pero era efímero y mentiroso, jamás debí creerme el cuento; NO HAY UNA OLLA EN LA COLA DEL ARCOIRIS, SOLO HAY UN ENGAÑO, Un engaño que creemos todos.

dame un abrigo


Podías haber escondido otro mundo para cuando yo llegue a tu vida, cuando marque mis primeros pasos en tu mundo.

En cambio a lo que yo hubiese querido, elegiste que nuestro mundo sea frágil, tan frágil pero tan frágil.

Al verme bien supiste que yo no era rey, ni semi dios, tan solo humano, que no tengo la capacidad de convertir mis ideas en realidad y vos decidiste empezar el mundo con posiciones lejanas, con caminos interminables que no todos conducían a vos.

Y en esos caminos me perdí con tanta bifurcación, intente acordarme de cada arbol, de cada canto de pajaro que pasaba por el camino, pero no me fue tan posible como creia que sucederia, al empezar el camino tambien imagine ser un semi dios como vos, pero solo fue otro equivoco, otra hoja que se cae en otoño.

Otoño fue la estacion elegida por vos y cuando llego el invierno casi muero helado, ni abrigo encontre el sendero que elegi, y bueno seguia helado caminando lo que me dejaba mi cuerpo pensando que la culpa era totalmente mia, yo elegi el sendero, pense que era el mas rapido para encontrarme con tu corazon, pero fue el mas inútil.

La primavera me devolvió las fuerzas, y me hizo pedirte perdon una y otra vez, una a la mañana, otra a la tarde y una a la noche.

Ahora estoy seguro, ni siquiera me escuchabas, simplemente me ignorabas.

Y yo como un iluso ilusionado marchaba para todos lados, mezclando mis caminos por creer que elegir uno solo no me llevaria a nada, me llevaron todos a tu indeferencia!

Tu indiferencia me sofoco en verano donde caminar bajo los rayos de los soles era un castigo infernal, pero a pesar de eso descanzaba gracias a la sombra de algun arbol, tomaba agua si lo habia y segui caminando, y encontré el camino “para caminar”.

Agua, sombra y descanso y a caminar, asi paso el verano, caminando en el infierno del sol.

¿Que me quedaba en ese entonces? Nada, ni un abrigo y ya empezaba nuevamente el otoño, a seguir caminando entre el ruido de mis pisadas, que mejor canto, que mejor unión que la de mi pie y la de las hojas secas de arbol.

La union termino con la falta de hojas, y comenzo nuevamente el invierno y yo! Y yo! Sin un puto abrigo!!

PD de E.: Los errores de ortografia se los dejo a ustedes para divertirse.

me ves esta vez?


Me ves esta vez?
Mi sombra se puede ir, desaparecer y jamás volver.
Se querrá ir a buscar otro sueño menos oscuro,
Algo que le haga sentir bien.

En mis años oscuros, fue imposible prender una vela y tuve que aprender el camino a golpes y topetazos, la sangre no era roja, era sabrosa!
Yo no era drácula ni lo buscaba ser, sin embargo mi cabeza se estropeaba todas las noches, donde no me acompañaba ninguna de todas las sombras.
Creo que ahora sabes porque no tengo ese miedo, ese miedo a perderse, a hundirse en la oscuridad, no hay nada mas profundo que la tristeza humana, tristeza perfecta de un ser imperfecto.
Huís de acá para allá para intentar safar, pero no podes darle la vuelta, no vas a encontrar ni la puerta, te lo puedo asegurar. Ya fui por todos lados, no se me perdió ni el más mínimo detalle, a ciegas lo descubrí, me encanta el sufrir, tormentosos días de la vida humana, ¿ves? Así es como se compone mi calendario.
Si se cae un árbol sobre tus piernas, te va a doler, pero si ves como fracasan todos tus intentos, el dolor en tu alma será aun peor que el que sufran tus huesos, tu carne y tu piel, ese es el verdadero dolor del que hablo, ese que te hace llorar todas las noches cuando estas en tu sucia cama. Cuando te tapas con las frazadas la cabeza y te auto decís “jamás lo voy a lograr”, no soy fantasma, pero te puedo escuchar, todas las noches lo puedo escuchar.
¿Culpas? A quien le echaras la culpa de tú propia pena, del desangramiento de tu torpe corazón, débil, débil y frágil, débil, frágil e inapropiada para este camino.
No hay razones, ni rezos, ni momentos, nada va a cambiar este infierno.
Elegiste atravesar la puerta, correr por donde nunca antes habías camino y ahora pensas que hubiese sido mejor ir a gatas por el piso, para que todo sea mas llevadero.
Tu vieja y quebrada espalda, discúlpame, pero no fui yo, fuiste vos quien la cargo de piedras, que forma mas entupida de pensar en física.
¿Y aun no comprendes el poder de la imaginación de la mente? ¿No?
Entonces no me digas que sentís estas palabras, que al ingresar por tus ojos rompen todas tus venas de cordura.
Las palabras repliegan en la cima de lo peor de vos, y ahí te ves, demacrado como muerto colgado, como perro muerto en las vías, como esclavo del trabajo.
Terminare mi rezo, ya hice acuerdo con dios, pero lo lamento no podes venir a donde voy a ir yo, si no te gusta todo esto, donde voy menos te va a gustar.
LA OSCURIDAD ES LA PARTE OSCURA DE TUS DIAS.

Piedra en el camino


Iba caminando distraídamente por la vereda, mientras un maldito perro ladrada por mí pasar, cansado de escuchar su ladrido decidí cruzar la calle, de distraído que venia, me llevo puesto una bicicleta al bajar el cordón.
La rueda de la bicicleta dio de lleno sobre mi pierna izquierda tirandome al piso, mientras que la chica que conducía casi se cae de costado, pero se ve que tenía buenos reflejos al apoyar un pie sobre el asfalto.
Yo luego del golpe caí al piso, maldiciendo mi idiotez, pase unos largos segundos, hasta que escuche su voz “¿estas bien?”, sin mirarla, viendo la calle de cerca le pedí perdón, es que yo me había bajado a la calle sin ver bien si venia alguien o no.
Estiro su mano para que yo la tomase y me reponga de pie, mire mi ropa toda sucia y me dije en voz alta “soy un idiota”, a lo que ella afirmo con una carcajada.
“Confirmado, la gente se ríe de mi” afirme.
Al tomar su mano, firme, vi unos raros anillos, una serpiente y en otro un sol indio.
Me quede viéndolos, y ella al darse cuenta me dijo “¿te gustan?, los conseguí en un viaje a la india”, “si” respondí yo, seco.
Al levantar la mirada y fijarla en su cara, vi que sonreirá, una linda sonrisa, sincera, natural. Unos ojos pequeños negros, como si todo fuese uno.
Sentí un mal estar en mi pierna y mis reflejos me hicieron que me agarrase y apretase, como si así se calmara el dolor.
Ella miro con cara de dudativa y me replico “no parece nada bueno eso. Déjame que te lleve hasta tu casa, seguramente necesites reposo”, yo extrañado de su ofrecimiento mire nuevamente sus ojos y nada respondí.
“sube y dime por donde vamos”, “te agradezco pero creo que puedo caminar, no quiero ser una molestia, nuevamente, una piedra en el camino”
Como se echo a reír, habrá pensando que estoy loco, no estoy loco, solo de mal humor, distraído, tenia muchas cuestiones en mi cabeza.
Señalado el asiento con una de sus manos, yo baje la cabeza y subí en la parte de atrás, aprovechamos la bajada y la bicicleta tomo velocidad, mientras andábamos comenzó una charla:
– Mi nombre es Anai, vengo de una exposición en el museo, estuvo muy bien, ¿te gusta la pintura?
– Mucho no entiendo de pintura, pero de mirar si, me gusta mirar. (que palabras mas idiotas, pensé al terminar)
– (se río nuevamente, que forma de carcajear más natural) ¿y como te llamas?
– Gabriel
– ¿Y suelen pisarte? (en forma de broma)
– Solo cuando ando distraído y de mal humor.
– (volvió a reírse, pero que persona más feliz) al menos tienes suerte.
– ¿Suerte? ¡Donde, que no la veo!
– Imagínate si yo en vez de manejar una bici, manejase un colectivo.
– Ahí me hubiesen llevado al hospital.
– Al menos llegaríamos mas rápido, ¿te duele mucho la pierna?
– (yo me había olvidado del dolor, pero cuando me pregunto mi pierna sintió unos agujazos de dolor terribles, que respondí con un gemido) ¡Aggh!
– Eso quiere decir que si.
– A la derecha.
– ¡Como diga! (una vez doblado) nunca antes te había visto.
– ¿Tampoco chocado? (recuperándome del mal humor)
– ¿Crees que voy por la calle pisando gente y llevándola hasta la casa?
– No lo había pensando, tal vez si.
– Buena imaginación tenes gaby (gaby, ya tenia toda la confianza sobre mi esta chica).
– Lo que me faltaría es un poco de realismo y prestarle atención a lo que realmente pasa, como un idiota me cruce en tu camino.
– Siempre hay piedritas en los zapatos (y río)
– La tercera casa a la derecha.
– ¡Como diga!, (deteniéndose) ¿Aquí esta bien?
– Si muchas gracias. (al bajarme y apoyar mi cuerpo sobre mi pierna mal herida, me caí al piso)
– Uyyy (solo ella) vos no estas bien, agarra mi mano y apóyate en mi. (caso bien le hice).

Mi brazo por encima de sus hombros apoyados, entre a casa.
Una vez abierta la puerta, me sentó en un sillón del comedor y fue a buscar su bici, la entro y cerro la puerta, sin antes soltar un “permiso”,
Mientras yo cerraba los ojos del mal estar, ella empezó a girar mirando cuanto objeto haya en la pared. Una vez que se canso de detallar mi casa en voz baja, se sentó a mi lado en el sillón.
Y me dijo “¿tienes hielo?, ¿Dónde esta el freezer?”, “ves aquella puerta, pasándola del lado derecho tienes la luz a la altura de cabeza” le respondí señalando (quien dice que no se señala, pues es mala educación, quien habrá pensando tal estupidez, señalar reemplaza al hablar y suele ser mas efectivo)
Volví al rato, con una bolsa de hielo y subió mi pantalón de jogging para poner el hielo sobre la parte en la que me choco.
Mi cara se contrajo del dolor, y apreté mis labios, con mis dientes.
Ella me miro y dijo “No seas maricon” y río otra vez más con esa dulce sonrisa.
“Que confianzuda esta mina” pensé, también pensé “que linda y simpática”
Y comencé a mirarla con más detalle, su manos eran finas y su piel relucía, ganas me dieron de tocarla para probar que tan suave podía ser (seguramente más de lo que yo pudiese imaginar).
Su cabello era largo, ondulado en los extremos, caída en ambos costados casi perfectamente, dejando una cara larga y con aire de felicidad.
Sus labios pequeños, humedecidos reflejaban un color algo similar entre la mezcla del rojo, del blanco y del rosa, una hermosa boca era adornada por sus labios.
Unas pequeñas pecas le daban gracia a su cara en su nariz.
De cuerpo era delgada, y sus músculos parecían firmes, formados, seguramente la bici era su forma de moverse más frecuente.
Ella prestaba atención en el contacto del hielo y de mi pierna, y miraba con atención, una hermosa expresión.
“Quizás deberías estirar la pierna, déjame mover tu pierna” con sus manos agarro mi pierna, y la coloco por encima de sus piernas (ella se encontraba sentada a mi lado en el sillón), Nuestras miradas se encontraron y no se cuanto tiempo estuvimos viéndonos, tal vez horas, minutos, tal vez tiempo de otra galaxia, tal vez ese encuentro fue el encuentro de otros dos mundos, o de dos estrellas que volando se choca, que terminan siendo una, no lo sé.
Pero yo sentí como su mirada, ventilaba mi ser interior, purificándolo con una suave brisa, con una caricia en mis tontas preocupaciones, y al sentir esto, sonreí como hace tiempo no lo hacía y ella sonrió nuevamente, pero esta vez fue una sonrisa un poco tímida, como si se hubiese escapado.
– Estas mejor
– Estoy mejor
Nuevamente el silencio, nuevamente los ojos que solo no se veían cuando uno pestañaba, pero vaya casualidad, pestañeábamos al mismo tiempo.
¿Como no iba a enamorarme de ella? Respóndame alguien si quiere contradecirme ¿y saben que? Jamás me contradecirán.
Me enamore, me enamore de su mirada, de la forma en que me choco, en su forma de reír, en su amabilidad en llevarme en casa, en su sencillez al entrar en mi cocina, en su naturalidad.
Si me había enamorado, como jamás lo hice y no lo volveré hacer.

Una noche singular


Todo sucedió una noche, en la cual me encontraba triste, otra noche más de tristeza.
Comencé con las mismas preguntas de siempre, pero poco a poco me enrede en una espiral y cada vez todo fue mas profundo, cada vez el mundo se me alejaba mas, estaba yo en el centro de mi mismo
En ese punto donde el corazón se une con la mente y la mente con el alma y el alma con el corazón
Antes no veía nada, antes!, comencé a ver figuras semi transparentes
y poco a poco las veía con mas claridad
mientras mas segundos pasaban, con mas nitidez las veía
una de estas figuras se acerco a mi y me dijo “no eres dios, ni el diablo, tan solo un humano, que ni siquiera eres dueño de tu alma”
¿como podía ser posible eso? ¿acaso yo no era alma? ¿o era simplemente un producto de ella?
Mis ojos miraron fijo sus ojos creyendo que ahí se respondían cada una de mis preguntas
la figura paso a mi lado y lentamente se dirigía caminando. ¿A donde? no lo sé, pero decidí seguirlo ¿por que? tampoco lo se
su aura era blanca, del blanco que jamás he visto, no era papel, no era una nube, era un blanco inconfundible
y de su aura, algo, que lo más parecido que encuentro seria como calor, como un abrigo invisible que abriga nuestra tristeza
seguí entontando caminando tras de el, a su lado, unos pasos adelante
llego hasta un gran portón, saludo con la mano a alguien que no pude ver
pero el gran portón se abrió, la figura blanca paso tras el
pero yo no pude
yo choque contra algo, algo que no se veía ni se sentía
pero algo que no me dejaba caminar, como cuando uno quiere correr en sueños y no puede (tal vez por las sabanas que lo atan a uno a la cama)
al no poder pasar, caí, caí al suelo sentado
y vi lentamente como esa figura se alejaba de mi
y se alejo hasta perderse como si fuera en niebla
una vez perdida de mi vista, mi cabeza y mi cuerpo comenzaron a rotar
pero no veían a nadie
y eso es lo ultimo que recuerdo de esa noche triste.

Otra vez el mismo error


“Otra vez el mismo error” se reprochaba Jorge mientras tiraba la hoja a la alfombra, alfombra que una vez fue de color verde y que era tapada casi por completo por hojas.
Agarro la lapicera y comenzó otra vez, cinco minutos después, se volvía a reprochar “no puede ser” otra hoja al piso.
“Esta vez no me equivocare” se dijo con mucho entusiasmo y empezó a escribir sobre el primer renglón, siguió por el segundo, por el tercero, por el cuarto y otra vez se equivocaba, otra hoja al piso.
Ya ni se acordaba ni lo sabía cuanto tiempo llevaba escribiendo y tirando hojas al suelo, lo que si sabia que cada dos horas tenia que salir a comprar un nuevo cuaderno, hasta que tomo conciencia de que iba a ser una tarea difícil y se compro un pack de doce cuadernos y cinco lapiceras de tinta azul.
El teléfono lo había desconectado, y para que no suene el timbre corto la luz, prendió una vieja lámpara a gasoil que tenia de cuando se iba a pescar con sus amigos. Nada lo molestaba, las ventanas cerradas para que el ruido del exterior lo moleste.
Bueno en si algo le molestaba, lo que le molestaba era no poder superarse y cometer siempre el mismo error y ahí iba otra vez, otra hoja al suelo, y otra hoja mas y otra más, y otra más, parecía nunca terminar de llenar la habitación de hojas.
Fue corriendo al baño, se meaba, meo rápido e igual de rápido se subió los pantalones, tan rápido y apurado que su ropa se mojo un poco, pero no le importaba, debía volver a su escritorio a seguir escribiendo, a seguir tirando hojas diría yo.
Y así cayo la noche, sin dormir, llenando hojas que una vez fueron blancas, y así también apareció la luz del alba, justo cuando el gasoil se acababa, pero no he dicho que se acabo, la luz de la lámpara seguía prendida pero a Jorge no le interesaba y a pesar de tener la luz del alba, no la apago, porque no se dio cuenta.
Y le quedaba la última hoja del cuaderno número treinta y cinco, y se dijo “otra vez me equivoque” y tiro la hoja hacia arriba, y esa hoja no cayo a la alfombra, la alfombra estaba tapada por una capa de un metro veinte de hojas escritas.
¿Y que paso ahora que se le habían terminado las hojas?
Paso que sin darse cuenta cuando cayo la ultima hoja cayo al lado de la lámpara y el papel se encendió, y la lámpara estaba toda rodeada por más hojas y todo comenzó a prenderse fuego, y Jorge se dijo “Me quemo en mi error, otra vez he cometido el mismo error”.
Se prendieron todas las hojas y con ellas la alfombra, el escritorio y hasta el mismo Jorge, que con la lapicera en la mano se calcino.

El caminante desolado


Cinco cuadras pasaron desde que salio su casa, las hizo caminado y todavía no reparaba en lo que había hecho hace 5 minutos, necesitaba salir de aquel lugar para encontrarse en soledad con el frío de la calle, ese frío que le hacia sentirse vivo, se sintió algo vacío era una mezcla de no encajar en ningún lado y no quererlo hacer.
Agarro una calle en bajada para apresurar sus pasos, las zapatillas golpeaban y golpeaban cada hoja se cruzaba en su camino, era otoño y eso era bueno. Los perros ladraban y ladraban tal vez no querían que él pase por ahí, pero él no escuchaba a los perros, su oído estaba apuntando hacia su interior, un interior inestable y alterado, dentro suyo el fuego se ampliaba hasta que evaporaba todas sus lagrimas, él se había olvidado de cómo llorar, pero no podía aprender a olvidar a sufrir.
“Voy a esperar ese momento indicado para atravesar la selva sin que el león lo sepa” se repetía en cada esquina, palabras que esconden un gran significado, un gran significado que solo él sabía. ¿Cuál era la selva?, ¿Quién seria el león?, ¿Por qué el león no debía saberlo?, preguntas que solo el podría responder, seguramente nosotros nos equivocaríamos.
Una mente complicada, conceptos cambiados del sentido común, no era fácil entenderlo y él lo sabía, por eso salía de su casa a caminar hacia ningún lado, solo buscaba algo de paz, paz que parecía nunca hallar. Amigos pocos, un amor ya perdido, una familia que nunca se entendieron entre sí, tal vez tanta filosofía no era buena, y más cuando cambiaba todas las semanas, él despreciaba mucho, pero no era con odio ni rencor, despreciaba los errores de los demás que veía en él. Quería amar, necesitaba amar, la paz se escondía en una mujer pero ¿llegaría esa mujer a tiempo o sería tarde cuando aparezca o simplemente nunca llegaría?
Otra esquina pisada, “Voy a esperar ese momento indicado para atravesar la selva sin que el león lo sepa”, mucha gente a su alrededor, pero sus ojos se clavaban en el piso y en las hojas, nadie lo molestaba ni nadie podía molestarlo. Llego al puerto, el olor a puerto no era su preferido pero si sentir aquel viento que hela su nariz hasta ponerla roja, miraba la luna, el agua pero ningún barco llamaba su atención. Escupió más de 3 veces con enojo, con dolor, “me desintegro, ya no puedo más” le dijo a la luna.
“que no lo sepa nadie que nadie comparta este dolor, ya es tarde” volvió a su casa, caminando, pateando, respirando, ahogado.
Miro sus libros, sus escritos, sus poemas, los agarro para abrir la chimenea y quemarlos, el fuego reavivo rápido y por afuera de la casa salía un humo negro, sonrío hace mucho no lo hacia, fue hasta el espejo, se miro, sonrío nuevamente, lo había decidido se notaba.
Fue hasta aquella foto y la rompió, recogió sus pedazos que fueron a parar a la chimenea y junto con ellos tiro una pequeña botella verde, llena de ilusiones y sueños, de planes y proyectos, de amor y ternura.
Cayo al piso y nunca más se movió, todos jurarían que aquel cuerpo nunca tuvo vida.

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