Piedra en el camino


Iba caminando distraídamente por la vereda, mientras un maldito perro ladrada por mí pasar, cansado de escuchar su ladrido decidí cruzar la calle, de distraído que venia, me llevo puesto una bicicleta al bajar el cordón.
La rueda de la bicicleta dio de lleno sobre mi pierna izquierda tirandome al piso, mientras que la chica que conducía casi se cae de costado, pero se ve que tenía buenos reflejos al apoyar un pie sobre el asfalto.
Yo luego del golpe caí al piso, maldiciendo mi idiotez, pase unos largos segundos, hasta que escuche su voz “¿estas bien?”, sin mirarla, viendo la calle de cerca le pedí perdón, es que yo me había bajado a la calle sin ver bien si venia alguien o no.
Estiro su mano para que yo la tomase y me reponga de pie, mire mi ropa toda sucia y me dije en voz alta “soy un idiota”, a lo que ella afirmo con una carcajada.
“Confirmado, la gente se ríe de mi” afirme.
Al tomar su mano, firme, vi unos raros anillos, una serpiente y en otro un sol indio.
Me quede viéndolos, y ella al darse cuenta me dijo “¿te gustan?, los conseguí en un viaje a la india”, “si” respondí yo, seco.
Al levantar la mirada y fijarla en su cara, vi que sonreirá, una linda sonrisa, sincera, natural. Unos ojos pequeños negros, como si todo fuese uno.
Sentí un mal estar en mi pierna y mis reflejos me hicieron que me agarrase y apretase, como si así se calmara el dolor.
Ella miro con cara de dudativa y me replico “no parece nada bueno eso. Déjame que te lleve hasta tu casa, seguramente necesites reposo”, yo extrañado de su ofrecimiento mire nuevamente sus ojos y nada respondí.
“sube y dime por donde vamos”, “te agradezco pero creo que puedo caminar, no quiero ser una molestia, nuevamente, una piedra en el camino”
Como se echo a reír, habrá pensando que estoy loco, no estoy loco, solo de mal humor, distraído, tenia muchas cuestiones en mi cabeza.
Señalado el asiento con una de sus manos, yo baje la cabeza y subí en la parte de atrás, aprovechamos la bajada y la bicicleta tomo velocidad, mientras andábamos comenzó una charla:
– Mi nombre es Anai, vengo de una exposición en el museo, estuvo muy bien, ¿te gusta la pintura?
– Mucho no entiendo de pintura, pero de mirar si, me gusta mirar. (que palabras mas idiotas, pensé al terminar)
– (se río nuevamente, que forma de carcajear más natural) ¿y como te llamas?
– Gabriel
– ¿Y suelen pisarte? (en forma de broma)
– Solo cuando ando distraído y de mal humor.
– (volvió a reírse, pero que persona más feliz) al menos tienes suerte.
– ¿Suerte? ¡Donde, que no la veo!
– Imagínate si yo en vez de manejar una bici, manejase un colectivo.
– Ahí me hubiesen llevado al hospital.
– Al menos llegaríamos mas rápido, ¿te duele mucho la pierna?
– (yo me había olvidado del dolor, pero cuando me pregunto mi pierna sintió unos agujazos de dolor terribles, que respondí con un gemido) ¡Aggh!
– Eso quiere decir que si.
– A la derecha.
– ¡Como diga! (una vez doblado) nunca antes te había visto.
– ¿Tampoco chocado? (recuperándome del mal humor)
– ¿Crees que voy por la calle pisando gente y llevándola hasta la casa?
– No lo había pensando, tal vez si.
– Buena imaginación tenes gaby (gaby, ya tenia toda la confianza sobre mi esta chica).
– Lo que me faltaría es un poco de realismo y prestarle atención a lo que realmente pasa, como un idiota me cruce en tu camino.
– Siempre hay piedritas en los zapatos (y río)
– La tercera casa a la derecha.
– ¡Como diga!, (deteniéndose) ¿Aquí esta bien?
– Si muchas gracias. (al bajarme y apoyar mi cuerpo sobre mi pierna mal herida, me caí al piso)
– Uyyy (solo ella) vos no estas bien, agarra mi mano y apóyate en mi. (caso bien le hice).

Mi brazo por encima de sus hombros apoyados, entre a casa.
Una vez abierta la puerta, me sentó en un sillón del comedor y fue a buscar su bici, la entro y cerro la puerta, sin antes soltar un “permiso”,
Mientras yo cerraba los ojos del mal estar, ella empezó a girar mirando cuanto objeto haya en la pared. Una vez que se canso de detallar mi casa en voz baja, se sentó a mi lado en el sillón.
Y me dijo “¿tienes hielo?, ¿Dónde esta el freezer?”, “ves aquella puerta, pasándola del lado derecho tienes la luz a la altura de cabeza” le respondí señalando (quien dice que no se señala, pues es mala educación, quien habrá pensando tal estupidez, señalar reemplaza al hablar y suele ser mas efectivo)
Volví al rato, con una bolsa de hielo y subió mi pantalón de jogging para poner el hielo sobre la parte en la que me choco.
Mi cara se contrajo del dolor, y apreté mis labios, con mis dientes.
Ella me miro y dijo “No seas maricon” y río otra vez más con esa dulce sonrisa.
“Que confianzuda esta mina” pensé, también pensé “que linda y simpática”
Y comencé a mirarla con más detalle, su manos eran finas y su piel relucía, ganas me dieron de tocarla para probar que tan suave podía ser (seguramente más de lo que yo pudiese imaginar).
Su cabello era largo, ondulado en los extremos, caída en ambos costados casi perfectamente, dejando una cara larga y con aire de felicidad.
Sus labios pequeños, humedecidos reflejaban un color algo similar entre la mezcla del rojo, del blanco y del rosa, una hermosa boca era adornada por sus labios.
Unas pequeñas pecas le daban gracia a su cara en su nariz.
De cuerpo era delgada, y sus músculos parecían firmes, formados, seguramente la bici era su forma de moverse más frecuente.
Ella prestaba atención en el contacto del hielo y de mi pierna, y miraba con atención, una hermosa expresión.
“Quizás deberías estirar la pierna, déjame mover tu pierna” con sus manos agarro mi pierna, y la coloco por encima de sus piernas (ella se encontraba sentada a mi lado en el sillón), Nuestras miradas se encontraron y no se cuanto tiempo estuvimos viéndonos, tal vez horas, minutos, tal vez tiempo de otra galaxia, tal vez ese encuentro fue el encuentro de otros dos mundos, o de dos estrellas que volando se choca, que terminan siendo una, no lo sé.
Pero yo sentí como su mirada, ventilaba mi ser interior, purificándolo con una suave brisa, con una caricia en mis tontas preocupaciones, y al sentir esto, sonreí como hace tiempo no lo hacía y ella sonrió nuevamente, pero esta vez fue una sonrisa un poco tímida, como si se hubiese escapado.
– Estas mejor
– Estoy mejor
Nuevamente el silencio, nuevamente los ojos que solo no se veían cuando uno pestañaba, pero vaya casualidad, pestañeábamos al mismo tiempo.
¿Como no iba a enamorarme de ella? Respóndame alguien si quiere contradecirme ¿y saben que? Jamás me contradecirán.
Me enamore, me enamore de su mirada, de la forma en que me choco, en su forma de reír, en su amabilidad en llevarme en casa, en su sencillez al entrar en mi cocina, en su naturalidad.
Si me había enamorado, como jamás lo hice y no lo volveré hacer.

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