Un crudo Otoño


Amanecí solo en mi cama, el frío invadía el cuarto desde las ventanas las cuales no podían ya detener más aquellas temperaturas. El aire del cuarto era tan fresco como el de la vereda.
Oí que mi perra llamada fauna jugaba con algún grillo en la cocina y de repente ring, ring el teléfono sonaba y parecía ser la ultima parte del llamado, así que mejor lo deje sonar una vez más para que vuelvan a llamar, pero no llamaron de nuevo y me quede con la intriga de saber quien pudo ser y que necesitaba, o porque llamaba.
En el desayuno me tome una taza de un rico café que me lo regalo un conocido que había llegado hace pocos días de Colombia, mientras lo tomaba pensaba que seria buena idea que se vaya a Cuba para que me traiga habanos, luego de terminar el café me reí como un idiota de la cosa que había pensado, notaba que empezaba bien el día al menos de bastante buen humor.
Salí a caminar varias cuadras, pase a comprar unas cosas en el quisco del gordo Ezequiel, creo que debe ser uno de los pocos lugares voy a comprar sin lamentarlo, el grandote siempre te da caramelos cuando no tiene monedas pero a precio de costo no de venta, desde que lo conocí me gano en eso, creo que así se garantizan bien los clientes.
En casa tome un litro de agua para la purificación de cada día, que viene acompañado por un cigarro, digamos le llamo el pre-almuerzo,
generalmente escuchando música instrumental, aunque otras veces con música de cualquier genero y tipo.
Me acerque al calendario para marcar un día más, “no pude aguantar otro” me decía, pero realmente era más un juego que otra cosa por eso no aguantar en el juego de aguantar era divertido tomando una opción o la otra, la televisión como cada día era para ver el pronostico y cada tanto algún dibujito animado, aunque cuando estaba alf, los 3 chiflados o el chavo me colgaba viéndolos.
Faltaba poco para hacerme un fondo de ojo y todavía no había decidido con quien iría, era un gran acertijo, ¿con quien la pasaría mejor?, primero fue el azar, hombre o mujer, como salio seca iba a ser mujer (la mujer no tiene cara, decía un amigo), por eso el hombre era cara y la mujer seca.
Pero ¿quien, quien seria? Todavía no lo decidía, igual faltaba poco pero faltaba, tenia tiempo.
Sonó nuevamente el teléfono y esta vez lo atendí al segundo timbre, era justamente la voz de una mujer, era Lucia reprochándome que hacia tiempo que nos veíamos, entonces yo ligero de pensamientos le ofrecí que me acompañe al oculista el miércoles, acepto y quedamos que me llamaría el martes porque estaba con varios temas en el trabajo, yo supuse que no le callo muy bien mi propuesta tal vez quería otro tipo de visita, la verdad nunca lo supe aunque si tengo indicios de que pudo ser (“Todo puede ser, si se puede escribir”, otro amigo).
Simplemente llego el martes por la noche y el frío seguía congelando todo a su paso, adueñándose de todas las hojas de los árboles haciéndolas caer una por una o a veces muchas juntas, de la forma en que quería lo hacia, llamé a Lucia, charlamos como media hora de la semana y de algunos viejos recuerdos, fue bastante entretenida la charla, tenia ganas de ya estar en el oculista para esas benditas gotas de fondo de ojo que tanto me divierten.
A la noche me desvele con un libro llamado “Imaginación o Realidad”, escrito por un irlandés esquizofrénico que esta aislado de la ciudad en una cabaña en una montaña, las situaciones a veces parecían tan simple que era realidad pero era pura imaginación, las horas desvelado valían cada minuto en los cuales mis ojos se transportaban al papel dejando a mi mente en un estado sin escrúpulo alguno, sin sentido en general dando lugar a un placer literario que realmente se disfruta.
El timbre me despertó a las 2 de la tarde, era Lucia que me pasaba a buscar una hora antes para ir al oculista, claramente sabia Lucia que yo estaba durmiendo y no tenia planes de despertarme, me conocía bastante eso era algo que me agradaba bastante.
Su ternura inundo mi casa y su piel se estremeció un poco por el frío yo lo note y ofreciendo un café supuse que aceptaría como siempre iba a sentir menos el cruel otoño que nos acechaba, más en una casa tan sensible al aire.
Ella me obligo a que me cambie y me higienícese así no salíamos a los apuros por eso, en mi mente pensé que se venia alguna charla larga que nos demandara salir en apuros a mi cita, sucedió tal como lo pensé, me contó su mal pasar por culpa de la enfermedad de su hermano y de la impotencia que le generaba esa situación, yo la escuche atentamente y sus ojos parecían decirme que estaba triste y con poca ilusión, al terminar la charla la abrace lo más tiernamente que pude para luego hacer alguna bromita para que sonría, ella tenia una sonrisa que me hacia perder tiempo y lugar.
Salimos para el oculista en su auto, un Golf de los viejos que son cuadrados atrás, de color azul marino y con su aroma recorriendo cada espacio del interior, en el espejo retrovisor colgaba una cinta con varios tonos de verdes, yo lo llamaba “el alma verde”, con todos sus tonos mezclados.
Estaciono el auto, puso el alarma, tocamos el portero y subimos por el ascensor, me tomaron los datos para luego aplicarme el fondo de ojo, yo no veía completamente nada, todo era tan raro, mis oídos se agudizaron y sentía en la voz de Lucia un ángel hablar de fondo razonamientos tan bellos, de otro mundo.
Reíamos como dos pequeños de 6 años y nuestras charlas eran tan absurdas como imaginativas siendo tan divertidas como inesperadas, la reacción de la gente era reír también a lo mejor le hacíamos recordar viejas épocas de su infancia o de sus hijos, permanecimos media hora en otro universo sin duda, al menos yo que encima mis ojos no me transmitían nada real.
Llamo el medico, un señor de unos 40 años canoso con una camisa blanca que le hacia juego su color de pelo, entramos juntos y Lucia me ayudo a sentarme, me examino durante unos 10 minutos para luego darme turno el próximo miércoles y terminar los chequeos.
Nos despedimos del medico, el cual se llamaba Carlos Torres, estreche su mano o mejor dicho el estrecho la mía yo no veía nada.
Al salir a la calle empezamos extrañar el consultorio tanto por las risas como por la calidez de la temperatura del lugar, afuera el frío era temible, subimos rápido al auto mientras yo no podía observar nada nítidamente todo era tan extraño como genial.
En casa nos sentamos en el sillón hasta que yo me acosté con mi cabeza entre tus piernas hasta dormirme, fue una siesta de una hora genialmente, cuando desperté me sentía algo mal porque pensaba que Lucia estaba despierta pero ella dormía tan profundamente, “era muy dulce” pensé cuando la vi.
Había recuperado gran parte de la vista ya, al rato sus ojos también se abrieron con una lentitud casi perfecta. Me reí y ella también río tiernamente, me acomode en el sillón y le propuse tomar unos mates, ella media dormida acepto, seguramente cualquier cosa que le hubiese dicho ella aceptaría.
Me dirigí hacia la cocina prepare el mate y calenté el agua mientras miraba el reloj que marcaban las 7 horas en punto, agarre unas galletitas y lleve todo hacia al living donde lo encontré vacío ya que Lucia se había ido al baño, la espere unos cuantos minutos tomándome unos mates amargos que son de mi preferencia.
Pasamos 2 horas y vaciamos 2 pavas, también el paquete de galletitas mana rellenas de limón.
Le pregunte si la había pasado bien hoy, me contesto que bastante bien que lo andaba necesitando y al concluir sus palabras un suspiro domino todo su ser cerrando sus los parpados, yo solamente admire y guarde ese suspiro por el resto de mi vida, aun lo siento.
Era tarde, para cenar no tenia nada así que pedimos una pizza por teléfono, destapamos unas 3 botellas en toda la noche, tomando yo casi dos litros, en un instante la mirada de Lucia se perdía sobre la ventana e hizo perder mi mirada en sus ojos, el reflejo de aquella noche, el frío que hacia en la calle se notaba en sus ojos.
No quiero irme pero bueno es tarde y no quiero molestarte más – dijo lentamente uniendo cada silaba con la otra.
¿Y si te quedas a dormir? – respondí casi sin pensarlo.
No quiero tomar más de tu tiempo – contesto esperando que la convenciera, yo la conocía.
Entonces te quedas – dije secamente sonriendo.
Después de aquella conversación nos quedamos callados y nuestros ojos se encontraron, yo gozaba del placer de su mirar, sus pelos negros lacios me enloquecían cuando rozaban su piel, no sé muy bien que abra pasado por mi cabeza en ese momento pero justo al mismo tiempo sé que eso paso por su cabeza, y el silencio se quebró con un beso impulsivo de ambos, un calor intenso me domino completamente en el segundo entrante del contacto de nuestros labios, mi lengua jugueteaba con la suya de una manera tan sensual y especial, nunca olvidaré aquel beso, me sentía en las nubes mismas donde rebotaba de una en otra, donde todo me hacia cosquillas.
El beso se renovaba a cada segundo era una caricia al corazón, mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo, su piel y mi piel que combinación tan explosiva, nada cruzaba en mi cabeza, nada lógico, sentía su mirada sobre la mía y sus ojos eran una mezcla de tonos verdes que me encendían y no me dejaban tranquilo un solo instante.
Cuando volví a mirar el reloj ya eran las 3 de la mañana y nuestros cuerpos desnudos transpiraban sus últimas gotas para caer ambos en un profundo sueño del cual ni el sol nos despertó.
Al despertarme me sentía otra persona renovada lleno de fantasía y felicidad, ella era para mi yo lo sabía, sus ojos seguían cerrados y su respiración era tan tenue que tenia que esforzarme para escucharla, la acaricie mientras ella no daba respuestas, a lo mejor cada tanto sonreía, seguramente sin saberlo.
La desperté, pues yo sabía que tenía que trabajar a eso de las 11 de la mañana y ya eran las 9, nos bañamos juntos y lo volvimos a ser como dos fieras salvajes que encuentran un pedazo de carne luego de una tarde de sol ardiente.
La acompañe a la puerta y con un abrazo seguido de un profundo beso nos despedimos. Intentaba concentrarme en el estudio pero era imposible, el recuerdo de esta velada no dejaba de resonar en mí, iba de acá para allá, sin sentido.
Se hicieron las 2 de la tarde y yo no había podido concentrarme en nada, comí algunas porciones que habían quedado y acomode todo el desorden que provocamos.
Sentí vibrar mi celular era un mensaje de ella con un simple “te amo”, mi cuerpo se partió en dos pedazos y no pude responder hasta pasados 20 minutos. El corazón me latía 3 veces por cada tecla que tocaba, y le respondí “sinceramente yo también.
Pasaron los días y fueron hermosos nos veíamos, nos reíamos, nos divertíamos como nenes, llegado el final del año nos fuimos de vacaciones a Mendoza donde la pasamos tan bien que sellamos nuestro amor en cada amanecer, en cada atardecer, su hermano se recupero y ella estaba esplendida era para mi la mujer más hermosa que haya existió en el mundo.
Y todavía hoy a mis 70 años, lo siento así y siento que la amo perfectamente tal cual como ella me enseño, ambos fuimos profesores y alumnos al mismo tiempo y nada nos separo, el amor fue siempre más fuerte, como debe ser.

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1 comentario

  1. quito said,

    mayo 6, 2009 a 8:00 pm

    buenas… primero q nada t agradezco el comentario… y te invito a seguir leyendo a ver qué te parece…

    me gustó este cuento… tiene cosas súper sencillas que no por eso dejan de impactar y conmover…

    saludos al corba de mi parte…
    un abrazo.


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